domingo, 14 de septiembre de 2008

Visitando la foresta finesa y musiqueando

Mis queridos fieles, aquí estoy de nuevo. Todo un fin de semana ha pasado, pero como mi mente está continuamente activa, y la memoria no me falla demasiado, podré intentar reconstruirlo para vosotros.
Lo primero y más importante es que por fin esta semana que entra empezamos nuestra andadura plenamente escolar. Me explico. Hasta ahora la verdad es que en el konservatorio hemos sido una especie de fantasmas estudiosos que poco más hacían que colarse en las clases para estudiar, comer en el comedor y dar clase individual (lo que implica no conocer a más alumnos), aunque alguno ni eso, porque si nos caemos en la calle y nos reventamos un labio y una pierna, lo de tocar la trompeta ha de esperar, ¿verdad Pumu? Si es que por algo está prohibido pisar en césped... Bueno, el caso es que el viernes pasado por fin conocimos a la coordinadora de música clásica, Johanna. Esta mujer tan simpática, al modo finés, nos enseñó las instalaciones que ya conocíamos, nos presentó a profesores muy interesantes (como el de cámara y a la coordinadora de la orquesta) y nos dio datos y detalles de todo lo que pasa en el edificio y de a quien preguntar si algo falla. De momento ya tenemos grupo de cámara los dos y primer ensayo fijado, así que la cosa no va mal. A mi sólo me queda apalabrar la orquesta y enrolarme en la asginatura Inglés para músicos, y por fin me podrán firmar los malditos papeles que Elena estará esperando en la penumbra de su despacho de ultratumba con una marcada ansiedad.
Segunda clase de flauta: indescriptible. Salir de clase y tener ganas de estudiar porque realmente sabes que lo que te han dicho va a funcionar, no tiene precio. Salir de clase y no sentirte culpable por haber fallado una nota, sino que tienes la certeza de que así es como tocas, como dice Pumu, ni bien ni mal, simplemente de esta manera, y que no hay que pensar siquiera en mejorar, sino en cambiar lo que no nos gusta o nos gustaría que fuera de otra manera, tampoco. Tal vez tenga que ver con nuestra inevitable educación religiosa de la culpa y el pecado. Si haces algo mal, o no se te da algo bien, o fallas una nota, o se te acaba la respiración, eres culpable, has de sentirte mal y hundirte. Pues resulta que no, que simplemente es un trampolín para seguir adelante. Así que queridos amigos, cambiad lo que no os guste, pero sin traumas adicionales. Yo pienso adherirme a esta filosofía.
Por cierto, también tenemos por fin carnet de la biblioteca nacional, la cual está dividida en unas 20 por toda la ciudad (una de ellas es sólo de CDs) y que funciona con un sistema informático, de préstamo, devolución, búsqueda, etc. muy interesante que ya quisiéramos en España. El autobús 24 recorre Helsinki de arriba a abajo por su parte Oeste, y si te bajas a mitad de su recorrido más o menos llegas al parque Sibelius y al monumento que lleva el mismo nombre, una especie de estatua de un órgano gigante y la cara del famoso compositor finés. Sin más, sobre todo si te arruina el momento un grupo venido de un autobús turístico. Las vistas del mar sí que merecen la pena, pudiendo acercarte a él a través de una playa de piedras y con un puertecillo deportivo(otro de tantos) a la vista. Llamó nuestra atención una pequeña casetilla roja que resultó ser un café muy acogedor adornado con todo tipo de cachivaches, con todos los muebles de maderas antiguas y con un kahvi caliente altamente reconfortante. Además, conocimos a un taxista que nos estuvo hablando de la ciudad y de sus meses de arte, y que sabía hablar en un montón de idiomas y le gustaba la ópera. Da gusto la gente así. Pumu le grabó en vídeo, últimamente todo está en vídeo, en pequeñas tomas de unos segundos que más parecen fotografías en movimiento que auténticas películas.
El sábado hicimos una excursión menos interesante, de viaje a IKEA. Al menos yo ya tengo velitas, y Nina, la nueva de contrabajo, tiene sábanas, almohada y una alfombra muy colorida. Para paliar el estrés de las grandes superficies comerciales, qué mejor que un paseo por la foresta de Kontula, donde dicho sea de paso mi amigo trompetista y sus compañeros de piso celebraban una fiesta de inauguración para celebrar que habían tomado prestado un gran sofá de la sala común. En fin.... había tortilla, embutido, queso y cerveza, eso es lo importante. Además de una gran cantidad de españoles y toda la gente que he conocido hasta ahora (véase Pumu (que como era el anfitrión no podía faltar, lógicamente), Mia, una amiga suya (bieeeen, gente finesa), los del consevatorio de jazz, Elena la madrileña, las griegas y Nina). He de decir que reconozco que Kontula es un sitio precioso, mucho más bonito que cualquiera de las otras residencias, aunque lo de tomar buses nocturnos al centro aún no esté del todo controlado, los conejos y las ardillas lo compensan.
Y hablando de ardillas, hoy hemos visto unas cuantas en el gran museo al aire libre de viviendas típicas finesas de todas las épocas situado en la isla de Seurasaari, al oeste de la ciudad. El mismísimo 24 tiene su última parada a la altura del puente que une la isla con el continente, con lo que es útil, a no ser que como mi compañera de piso Tanja, tengas la moral de ir desde Pasila hasta Seurasaari corriendo, correr por allí y volver, todo en una mañana de domingo. Pero es enfermera, lleva una vida muy sana, qué se le va a hacer. La isla en sí es muy bonita, llena de árboles muy verdes, animalillos pequeños, patos y cisnes, con poca gente y además a cada paso te cruzabas con una casa, como he dicho, típica de la Finlandia de alguna época. Toda una experiencia, hasta había gente vestida con trajes típicos! El problema es que ya empieza a hacer frío, no subimos de 10ºC, las manos se congelan aún con guantes, la nariz moquea y se hacen necesarias muchas capas. Aunque por lo menos no llueve, lo que se agradece mucho.
La maravillosa mano italiana de Mauro en la cocina hizo que el día terminara de forma redonda, realmente voy a tener que hacer unas tortillas de patatas para la próxima vez que cenemos en su casa. Por cierto, tengo que decir que realmente los músicos de cualquier parte son increíbles de una manera u otra, da igual de donde seas, te entenderás con ellos y el resto no dará crédito a que 5 personas puedan alucinar con el sonido que se le puede sacar a un platillo si le pasas un arco de violín bien enresinado. El caso es que se oía cláramente un RE. ¿Seremos realmente frikúsicos?

3 comentarios:

Illana dijo...

Viole!
Qué interesantes tus experiencias, siempre q puedo las leo, y por lo q veo estoy al día! Es precioso, parece q stoy leyendo una guía de viajes jajaj! lo describes guay, dan ganas de ir. Tambien tngo ganas d sentir la experiencia de una clase de flauta diferente, aunq por ahora tengo miedo, un miedo q m cago al tío ese...uf!
Oye, Pumu se ha roto el labio?? jaja pobre, vaya mala suerte. En fin, espero que como buena pirata hagas muchas fotocopias de lo que AQUI NO HAY, yo haré lo mismo!
Un besin pa ionorte desde Mieres, ciao!!

Wherynn dijo...

Ola maja! k bonito es todoo, eso de Kontula ha sonado genial. Tng ganas de que vayas andando a una isla por el hielo cuando hiele (aunke no kiero k pases demasiado frio, ays!)

en fin, sigue asi k se nota k lo estas disfrutando a lo grande.

Bss!!!!

Wherynn dijo...

El rubio melenudo? si t refieres al chico del sueño no se, porke como me desperte ahi en medio... ese rubio melenudo? XD.

Bsotes! se leera tu mail con tanta emocion como se lee este genial y norteño blog!

I miss you! wii!

bs!