Súbitamente me despierto. Miro el reloj del móvil. No son ni las 6 y ya hay luz. ¿Quién dijo que en Helsinki no hay prácticamente luz? De momento la hay y de sobra. Media vuelta, me vuelvo a dormir. Suena el despertador. Son las 10, así que me tomo mi tiempo, ya que tengo hasta las 11. Antes de tiempo suena el timbre, ni siquiera he desayunado, así que a medio vestir voy a la puerta para encontrarme con que una de mis compañeras, Dianthe (luego os hablaré de ellas), le ha abierto la puerta a Christian, un suizo rubio y de ojos azules bastante guapo con pinta interesante que también está de Erasmus y vive un par de pisos más arriba que yo, que venía a buscarme. Precipitada salgo a la calle, y cuando nos ponemos a hablar resulta que es saxofonista y está aquí para estudiar jazz, qué cosas, y además también toca la flauta y un poco el piano. Hacemos un simpa en el tren porque aún no tenemos tarjeta de transportes y salimos a la calle por la puerta principal de la Central Railway Station, que está en Rautatientori. Cualquiera de los trenes de cercanías que salen de aquí van a Pasila, y a su vez todos los que pasan por Pasila, terminan aquí.
Conclusión: puedo coger el primer tren que salga sin miedo a equivocarme.
Esperando a Mia nos encontramos con Pumu, que andaba perdido dando vueltas a las manzanas circundantes, y con otros dos estudiantes Erasmus italianos, Mauro y Stefania, percusionista y pianista, también de jazz. Entre todos podíamos hacer un ensemble y ponernos a tocar por ahí para sacar unas pelillas, seguro que estaría genial. La burocracia, desgraciadamente, siempre es igual de pesada y aburrida en todas partes. La pena es que se ha pasado todo el día lloviendo, lo que me temo es normal por aquí (si no llueve es porque nieva), y ninguno teníamos paraguas. Registros varios, firmas múltiples y dineros abundantes, pero por fin somos estudiantes helsinkianos (o será Elsinkieros?), legales durante el período del Erasmus y además no somos morosos de ninguna compañía de transporte público según nuestra nueva tarjeta de transportes. Es curioso ver a los nativos por la calle. La verdad es que son bastante libres con todo, forma de vestir, de peinar, de ser, y bastante amables, por lo menos en las ventanillas. Y hay de todo. No son todos rubios, ni todos altos, ni todos guapos, ni todos feos, aunque sí que se nota que españoles no son en bastantes aspectos, ni tampoco italianos por como nos miraban mientras nos comíamos una barra de pan y unas alitas de pollo entre los cuatro sentados en unas escaleras en medio de la estación (por supuesto Christian se comió, cuando nadie miraba, un minialgo sin mancharse las manos de grasa, estos norteños es lo que tienen). Como le dije a Pumu esta tarde, solo es el primer día y ya tenemos amigos, que además de majos son majísimos, así que esto pinta bien.
Además la ciudad tiene un montón de cosas por descubrir, como vimos al ir andando hasta el conservatorio desde allí. No vemos el momento de dejar de comportarnos como turistas con el mapa a cuestas a todas horas y conocer un poco más, o al menos ser capaces de callejear sin perdernos demasiado. Tras una media hora bajo la lluvia minimalista helsinkiana llegamos a Rouholati. En el conservatorio damos con el profesor de trompeta, pero la de flauta no está. Mañana iremos a estudiar allí, así que lo volveré a intentar y ya hablaré del centro. La vuelta a casa ha sido un tanto accidentada para mí al perderme dos veces, una desde el metro hasta el tren (que están en el mismo edificio :S) y otra tras hacer la compra ya de camino a casa (que solo hay que cruzar una calle :S:S).
Poco a poco me haré una experta en ir desde Junailijankuja (mi calle) hasta donde sea y volver sin perderme. Y hablando de Junailijankuja, ya he conocido a 4 de mis 5 compañeras (han decidido habilitar nuestro salón como otra habitación). Por orden son: Dianthe y Tanja, de The Netherlands, Amanda, de USA, y Esther, de Madrid. Son muy majas y se ayudan mucho entre ellas, así que no tengo motivos para pensar que no van a hacer lo mismo conmigo. Tenemos dos cuartos de baño (uno de los cuales acabo de descubrir hace como cosa de 10 minutos), una ducha y una cocina que usamos de sala común. No hay lujos, pero todo está bastante limpio y apañado, y enseres hay de sobra para todas. Hemos tenido nuestra primera tertulia a la hora de la cena española, que era algo así como el té de las 10 para las demás, y ya nos hemos puesto al día de a lot of staff. Por supuesto, todo en inglés, lo que se agradece dada la avalancha de finés que hemos sufrido ya el primer día. No entiendo ni una sola palabra!!!! Bueno sí. Moi, que significa Hola, y sabía decir Gracias, pero se me ha olvidado. Por cierto, la vida es cara, pero ya he fichado un Lidl cercano y el viernes iremos a IKEA, por lo que espero no quedarme sin pasta. Dulces sueños para todos de Ionorte desde Helsinki, y recordad que sigo sin Internet, por lo que aunque esto fue escrito el 2 de Septiembre, no sé en qué fecha lo estaréis leyendo.

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