jueves, 4 de septiembre de 2008

Día 1

Dicen que una de las mejores cosas de los viajes son el mismo viaje, el camino, por así decirlo. Pues bien, eso puede ser cierto o no. En mi opinión, desde luego, el susodicho viaje, si se realiza en avión, no tiene nada de bueno, excepto tal vez el hecho obvio de estar cambiando de lugar y la consecuencia más inmediata que es la emoción de esperar nuevas vivencias y experiencias XD. En fin, toda esta parrafada para quejarme del viaje de ayer, que verdaderamente se hizo pesado, sobre todo en las esperas y retrasos en Barajas.
En realidad las anécdotas empezaron ya en Ranón cuando vi aparecer a Pumu con dos maletones enormes que doblaban en peso y tamaño a mi modesto equipaje de 30 kilazos y pico. No sé como lo hace, pero mi madre seguro que ganaría aquella prueba del Qué Apostamos de meter no sé cuántos elefantes en un 600… El caso es que lógicamente mi travel mate tuvo que rehacer todo para poder llevar solo un maletón. Os podéis imaginar el caos. Jejeje. Al final realmente no fue tanto, hasta nos regalaron un par de kilos de sobrepeso a cada uno, y llegamos con el tiempo de sobra para poder pasar el control con las mochilas a rebosar, las fundas de los portátiles a punto de explotar, los plumas y demás artículos. Como ya he dicho, 5 meses en la fría Finlandia son muchos meses como para no llevar todo lo necesario (y no sólo un par de vaqueros!!!).
El avión de Spanair no se estrelló ni nada, lo que nos dejó en Barajas con unas cuantas horas de margen que gastamos en comer, leer folletos, rellenar las botellas de agua en el baño (tienen agua fría dentro de la misma terminal 2, es un milagro!!!!), tomarnos una última cañita fría y refrescante, buscar un wi-fi inexistente y dormitar a la espera de un avión que nunca llegaba. En definitiva, desesperación por la posibilidad de perder la conexión en Estocolmo, lo que produjo una reacción maligna en ambos dos una vez pudimos embarcar que nos llevó a frases como > o a mirar compulsivamente la pantallita durante la última hora entera haciendo porras sobre la hora y minutos exactas en la que llegaríamos y celebrando cada vez que la hora prevista preveía un minuto menos. Teníamos cara de mapa de Europa cuando salimos corriendo por la puerta delantera del avión. Afortunadamente, tampoco Spanair se había estrellado esta vez, y además el piloto le había pisado lo suficiente como para tardar 45 minutos menos de lo que ponía el papelito. También nos sentimos afortunados cuando nos dimos cuenta de que no teníamos que haber corrido nada porque entrábamos al avión por la puerta de embarque siguiente (o casi) a la que acabábamos de abandonar.
Quiero hacer constar que ya eran algo así como las 11 hora española y seguíamos con un bocata en el cuerpo y dos caramelos, y el mal presentimiento de que las maletas no iban a tener tanta suerte como nosotros. Esto provocó la célebre >. Entre el cambio horario (una hora menos) y toda la pesca, llegamos por fin a Helsinki a la 1 de la mañana, y allí vamos y conocemos a un pianista murciano que se va a hacer un master a la Sibelius Academy. No, si va a resultar que hasta Helsinki está plagado de españoles. Mientras esperábamos, el sándwich de paté nos salvó un poco la existencia. Y……redoble de tambores……las maletas no tardaron ni 10 minutos en salir!! Eficacia nórdica, sí señor. Y encima Mia, nuestra queridísima tutora (que nos va a salvar el culo los primeros días y siguientes con todo lo que hay que arreglar) estaba esperándonos a la salida con un taxi preparado y pagado por la Universidad que nos llevaría primero a Kontula a dejar a Pumu y luego a Pasila a dejarme a mi. A pesar del GPS no fuimos capaces de encontrar a la primera ni el uno ni el otro, aunque, anécdotas aparte, a las 2 ya estaba con la maleta en la habitación. Por cierto, ya hace frío.
En un arrebato deshice toda la maleta, me acomodé bien, puse el despertador a las 10 porque me iban a venir a buscar a las 11 para ir a hacer gestiones y me quedé todo lo grogui y a gusto que se puede estar en una habitación nueva y desconocida que aún huele a polvo y a cerrado y cuya cama es bastante diferente a otras en las que he dormido. Dulces sueños para todos de Ionorte desde Helsinki. (Tengo que decir que este report fue escrito el día 2 de Septiembre, pero como aún no tenía Internet, lo cuelgo ahora para que nadie se pierda nada).

1 comentario:

Anónimo dijo...

un par de vaqueros precisamente son todos mis pantlones, jajaja