Estaba en casa, replanteándome mi existencia y...puf! De repente me acordé de que nunca escribí el final de mis aventuras finesas... Pero como soy una buena persona, y sé que lo de quedarse a medias no le gusta a nadie, pues aquí va esta entrada-recordatorio de mis últimos dos meses. Tengo que confesar que he estado pensando en abrir otro blog, de estilo y temática completamente diferentes, pero claro, sin terminar el primero no me parecía políticamente correcto. Bueno, está bien, empiezo ya...
Si no recuerdo mal, lo último que os había contado fue el grandioso maratón de cámara... intentaré acordarme de los hechos siguientes cronológicamente...
Ese fin de semana visitamos Tallin. ¡Qué preciosidad! Parecía una auténtica postal navideña: pueblito medieval (el centro de la ciudad), nieve por todas partes, frío auténtico, mercadillos en las plazas principales... La verdad es que tengo que decir que fue una experiencia inolvidable. Cogimos el ferry el sábado por la mañana en uno de los puertos de Helsinki, y en dos horas nos plantamos en el puerto de Tallin, que estaba completamente nevado. Caminando caminando nos adentramos en un cuento de hadas, con edificios antiguos, casas de madera, callejuelas y unas vistas impresionantes. Caminamos por el centro, habiendo decidido hacer un poco de turismo antes de que anocheciera. La plaza principal, el ayuntamiento, los edificios de los museos, y las cafeterías antiguas, todo muy europeo, ¡excepto por los baratísimos precios! Incluso vimos la catedral ortodoxa, enorme y embriagadora por la gran cantidad de incienso que estaban quemando. Cuando se hizo de noche nos fuimos al hotelito que teníamos reservado, saliendo más tarde para dar un paseo, cenar, y tomarnos una cerveza en el pub del viajero, ambientada como las posadas de viajeros, pero con juegos de mesa y botas de montaña.
Al día siguiente nos levantamos en medio de una tormenta de nieve como yo no había visto nunca antes. El fuerte desayuno nos ayudó a aguantar la mañana bajo la nieve, donde se nos hizo prácticamente imposible turistear o comprar, porque no veíamos más allá de nuestras narices. El problema vino a la hora de coger el ferry de vuelta, ya que se retrasó debido a la nieve.... ¡¡8 horas!! A partir de la cuarta, ya no te hace ninguna gracia estar sentado sobre un periódico en las escaleras de un puerto frío y poco acogedor, lleno hasta la bandera de viajeros frustrados y borrachos. Por lo menos nos dieron de cenar gratis en el ferry a las 12 de la noche. ¡Toda una aventura! Al llegar a Helsinki todo estaba blanco, las calles, los coches, era la primera nevada del año... Aunque fueran las 4 am, se podía observar la belleza de la luz de las calles reflejada en la nieve, y entendías perfectamente por qué en Finlandia decían que un invierno con nieve es un buen invierno. 1h de cola más tarde y 15 min en taxi después, llegamos a casa, mojados, reventados, pero sabiendo que sería un viaje inolvidable.

1 comentario:
Jo, k guay! menos lo de las ocho horas, claro esta...
¡me encanta leer el final de tus aventuras! esto parece los libros de Rowling, k se hace esperar pero merece la pena
sigo leyendo!
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