El final de diciembre fue una auténtica maratón de despedidas, todo el mundo se iba, y todo el mundo quería celebrarlo, de una manera triste, con una cena, o una fiesta. El saber que íbamos a volver en enero nos hacía distanciarnos algo del sentimiento de locura general, porque, ¿sabéis qué? Cuando ya no hay nada que perder, la gente enloquece.
De mis compañeras de piso me despedí con una tarde de sauna y una fiesta temática, que tanto se llevan, sobre el bien y el mal. Ya sabéis, los universales siempre funcionan. De mafiosos a duendecillos, casi todos se metieron en el papel. Hubo hasta escapada española, cotilleos de ascensor, viajes al centro de la tierra, y también al frío de la calle. Pasila vivió una buena noche.
Del grupo de batalla nos despidieron un par de cenas preparadas con amor, pizzas y patatas fritas. Mauro y Stefania, sois inolvidables. Helena, gracias. Nina, ¡arriba en optimismo! Al resto... los vería a la vuelta.
Ciclo de canciones de navidad en la cafetería del konservatorio, niños tocando el arpa, conserjes cantando en finés, vestidos de gala, brindis de champán. Un año menos, o uno más, según se mire...
¿Navidad? Lo esperado: citas sociales, cenas varias, fiesta a la española, contar 100 veces la misma historia y recordarlo todo como un sueño...

1 comentario:
Ay, esto son aventuras! arpas! me encantas Ione!!!
Ione suena muy fines, no crees?
acabo enseguida d leer!
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